miércoles, julio 27, 2005

Esperando al viento que arrase con (casi) todo

Dos días en que no aparecen las ganas de estar informado, de buscar algo que yo considere digno para colgar aquí, aunque a nadie le importe. Nada, sólo desidia. Muchas veces deseo ser así, no tener esa necesidad ni ese instinto masoquista que me lleva a buscar la noticia que más me indigne, que más me escandalice. Sé lo que me voy a encontrar, de qué se hablará, qué se discutirá. Periódicamente aparece esta necesidad de distancia, casi de desinformación, de una buena dosis de indolencia. Supongo que se debe a que también periódicamente las cosas se ponen mucho más feas de lo que cabría imaginar un tiempo antes. Pero ojalá fuese sólo esto. Les desprecio (tanto) que podría hacerlos responsables únicos de esta sensación. Pero creo que no debo hacerlo porque sé que no es así.

Quiero colgar alguna letra de alguna canción interesante. No tengo ninguna en mente. Arranco el Media Player. Reproducción aleatoria. La primera, una versión punk de un tema antiguo y cursi. Está bien pero creo que quedaría raro. Siguiente canción. Menuda mierda, tengo que decirle a mi hermana que grabe su música en otra parte. A ver la siguiente. Death Kennedys, nunca me han entusiasmado y además no me apetece buscar la letra ni traducir. Y así otra, y otra, y otra… hasta que me doy cuenta de que necesito parar la música. Esto tampoco despierta mi interés.


¿Algo de algún libro que leí en vacaciones? No, los libros se leen, no se cuentan, que para eso hace falta arte, igual que para contar un chiste. ¿Pongo la radio? Paso, no quiero noticias, no quiero descubrir nada nuevo, no quiero que me hagan pensar y, sobre todo, me jode no reírme si hacen humor (y sé que hoy no me voy a reír). ¿Televisión? Puff, a estas horas… ¿Qué cojones hago? Para empezar dejar de preguntarme esto, me está matando el agobiarme así.


Definitivamente, si tengo problemas con todo debe deberse a que el problema está en mí. Eso ya lo sabía, lo sé desde hace mucho tiempo. Siempre sabiendo de antemano cual va a ser el nudo y el desenlace: qué hartazgo, qué desidia, qué desgana… qué tristeza. Siempre me he sentido culpable porque si el problema está en mí es obvio que la causa y la solución también lo están. Pues no, ya no. La culpa va a cambiar de destinatario. Hace tiempo que esta culpa pidió permiso para salir y manchar a todo aquel que lo merece, a todo aquel que la creó y alimentó dentro de mí, a los que me quieren convencer de que ése es su lugar. Y yo no la voy a poner freno ya. Y tú me vas a ayudar (me ayudas) a mantenerme en mi sitio, a guardar el equilibrio mientras todo se reorganiza dentro y fuera de mí. Porque si hay algo que estaba en mí y ahora está fuera el orden de las cosas debe cambiar. Da igual quien pierda. Lo importante es que ganen los que lo merezcan. Y que tú sigas ahí.


Cómo me sobráis. Qué falta me haces.

Me dais nada. Lo eres todo.
De nada. Gracias.